Ciudad toscana pero de doble origen. En efecto, su fundación se remonta al 1172, cuando Luqueses y Genoveses, aliados contra Pisa, construyeron en el mencionado año un célebre bastión fortificado. En el siglo XV, siendo la única salida al mar de Lucca, Viareggio aumentó enormemente su potencia, consolidándola alrededor del 1480. Igualmente, como en el caso de Forte dei Marmi, Viareggio aprovechó al máximo la obra de saneamiento que, concluída en 1741, hizo de ella uno de los mayores centros de la Toscana. Sin embargo, la evolución de Viareggio de simple puerto a ciudad, no fué fácil. Sólo en 1819 la duquesa Maria Luisa di Borbón hizo construir la primera dársena y solamente un año después el centro habitado fué elevado al rango de ciudad. Hay que saltar a 1822 para ver a Viareggio transformarse en centro turístico, gracias a las estancias por vacaciones de la hermana de Napoleón Bonaparte, Paulina Borghese. Viareggio asumió así la connotación de famosa localidad balnearia, tanto es así que datan al 1828 las obras para el primer establecimiento balneario. Sin embargo, en Viareggio la cultura turística siempre se ha aparejado a la cultura del arte y encuentra sus mejores ejemplos en los Museos Cívicos de Villa Paulina y en las espléndidas muestras de Art-decó y Liberty que adornan la ciudad. A demostración de este virtuoso desarrollo económico y cultural, el aspecto actual de Viareggio que, a excepción de la Torre Matilde, pertenece al siglo apenas terminado: es el caso del lado edificado del paseo marítimo, de los Almacenes Duilio 48, del baño Balena; de la Villa Argentina e del Hotel Excelsior, con espléndidas fachadas curvilíneas, mosaicos cerámicos que se perfilan resplandecientes en el cielo límpido.