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LOS GRANDES CHARCUTEROS Una tradición antigua renacida gracias a jóvenes artesanos es la charcutería versiliés. La tierra de origen es Gombitelli, pequeño burgo entre Camaiore y Lucca, también famoso por ser una isla lingüística. Allí se habla aún un dialecto de origen alemán debido a que en este lugar se quedaron algunos herreros que seguí los ejércitos de Carlos V. Y no por casualidad Gombitelli fué por siglos el pueblo de los clavos, además que el de la elaboración del tocino y de la mortadela locales. El tocino de Camaiore rivaliza en suavidad de sabor con el de la cercana Colonnata, burgo arriba de Carrara suspendido entre las canteras de mármol. En Pietrasanta, en cambio, tantos pequeños charcuteros elaboran el biroldo, una morcilla de sabor dulce, buenísima cuando se degusta aún caliente. Y en Giustagnana, pueblo seravezino al pie del monte Altísimo – donde Miguel Angel iba a escoger los bloques de mármol para sus esculturas – un charcutero produce el tizón, un salchichón muy blando que es curado en las cenizas, de lo cual le viene el nombre.
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